¿El tiempo es oro?

 

 

A lo largo de la historia, los cumpleaños han adquirido un significado simbólico y han sido celebrados de diferentes maneras.

Los cumpleaños son una ocasión especial en la que celebramos el aniversario del nacimiento de una persona. Y creo que es un evento digno de ser celebrado; solo que, cuando se llega ciertas edades, este hecho, merece festejarse con mayor calidad, puesto que significa haber adquirido experiencias, es cuando reconocemos que, la vida es cúmulo de vivencias; pero también, es cuando empezamos a darle el verdadero valor que tiene el tiempo. El tiempo no se gana ni se pierde, es que ni siquiera se puede acumular. El tiempo sigue de forma irremediable y nada que se pueda hacer para que varíe su curso. Imposible lograr que vaya más lento o más rápido. Solo tenemos, la impresión de control sobre él y por lo tanto esa sensación es subjetiva. Te repiten a cada instante: “el tiempo es oro” y son tantas los quehaceres que, pareciera que hay más tareas que tiempo.

Nuestra mente está diseñada para pensar y, está siempre, “procesando tareas”, sin que nosotros se lo ordenemos.

Me siento que estoy en una etapa de mi vida, donde puedo continuar creciendo, “para acabar de nacer” como dice Leonardo Boff, se dirá que he entrado a la etapa de la vejez, les diré, que yo no me siento así, aunque no tengo la energía propia de la juventud, me siento joven, llena de ánimo, de esperanzas y de sueños.

El tiempo para mí… ya no es oro, el tiempo ahora para mi es vida, ya no trato de administrarlo, ni hago planes a largo plazo y por primera vez, siento tener verdaderamente su control y a esta edad puedo afirmar que he aprendido a vivir en forma plena del tiempo que dispongo. “EL TIEMPO NO ES ORO, El TIEMPO ES VIDA ...”

T.A.F.



Ada Byron

 


Ada Augusta Byron nació en Londres en 1815. Era hija de la adinerada Annabella Milbanke y el poeta Lord Byron. El matrimonio no duró mucho y, cuando Ada tenía un mes, su madre abandonó a su esposo. La joven Ada recibió lecciones de matemáticas y ciencia en un intento, por parte de su madre, de erradicar la herencia de locura poética que llevaba en los genes. Su infancia transcurrió entre tutores y estudios, lastrada por una mala salud que arrastraría a lo largo de toda su vida.

A pesar de que en el siglo XIX no era frecuente que las mujeres estudiasen ciencia, Ada tuvo la suerte de contar con grandes maestros, como el matemático Augustus De Morgan o la astrónoma escocesa Mary Somerville. Fue precisamente Sommerville quien le presentó al matemático Charles Babbage, con quien trabó una gran amistad y una fructífera colaboración. En 1835 Ada se casó con el barón William King, que posteriormente se convirtió en Conde de Lovelace. Durante su matrimonio siguió estudiando matemáticas. Tras el nacimiento de su tercer y último hijo, Ada comenzó a colaborar con Babbage en la máquina analítica.

Su pasión por las matemáticas y su personalidad poco convencional no siempre fueron bien vistas en la corte. Se aficionó al juego y en 1851 trató de crear con unos amigos un modelo matemático para acertar en las apuestas. En los últimos años de su vida su salud se deterioró gravemente, hasta que falleció en 1852, poco antes de cumplir 37 años.


 

El “peligro” de leer.

 

Los libros tienen la capacidad de influir en el comportamiento del lector, de eso no hay dudas, pueden despertar emociones, pueden hacerte soñar, hacerte viajar o sugerirte comportamientos. También pueden crearte conflictos, afianzar ideologías o cambiarlas. 

Y en definitivamente, no dejan indiferente a quien los lee, pueden ser estimulantes, tranquilizantes, irritantes o sedantes.

Y no podemos ignorar, la capacidad que tenemos de hacer empatía con alguno de los personajes, de captar sus emociones y de ponernos en su lugar.

Amo los libros, sobre todo los que me han ayudado a aceptar pérdidas  en mi vida o los que me han sanado de tristezas importantes. Quizás solo son lecturas creadas para entretener, pero que, al leerlas, notas que encajan con tus emociones y que te ayudan a superar tristezas o te sanan. Es lo que se llama biblioterapia, existen médicos, que recetan listas de novelas, que son como “medicamentos”. Sin embargo, existen libros considerados como una amenaza para la salud mental.

Esta historia de libros peligrosos; empezó, cuando Goethe, publico Las penas del Joven Werther-Fieber”, la cual, tuvo tanta influencia en muchos jóvenes de la época en Europa, los cuales imitaban a Werther-Fieber, en la forma de expresarse, comportarse y hasta en el vestir. Llegaron a tal grado de empatía con el protagonista, quien al final de la historia termina suicidándose que, muchos de sus seguidores llegaron a quitarse la vida imitándolo.  En Alemania, Dinamarca e Italia prohibieron el libro. Hoy en día el efecto imitativo de la conducta suicida se conoce como “Efecto Werther”.

La prohibición de ciertas lecturas, es muy antigua, Sócrates opinaba que la mayor parte de la gente no debería leer por su cuenta, ya que podían desatar su confusión y desorientación moral, el lector debería ser aconsejado por un sabio.

Platón, en el Fedro, menciona que, Sócrates advertía que depender de la palabra escrita podía debilitar la memoria.

Y como siempre, ¡¡capítulo aparte para la mujer!! el dramaturgo griego Menandro, decía que leer podía hacerles daño a las mujeres, porque eran de mente débil y no toleraban las emociones fuertes. “Enseñar a una mujer a leer y escribir”, decía, era tan malo como “alimentar a una serpiente con más veneno” y mientras Jean-Jacques Rousseau por el año 1781, escribía su novela epistolar Julia, "cuando una mujer abre una novela, cualquier novela", y “se atreve a leer solo una página” se convierte en una “joven caída”.  En una de las publicaciones para la mujer más influyentes del siglo XVIII,  la revista,The Lady’s Magazine, indicó en una de sus ediciones, que las novelas eran «poderosos motores con los que el seductor ataca al corazón femenino», en referencia al Bestsellers “Pamela o la virtud recompensada. El riesgo era que, las lectoras se vieran abrumadas por pasiones sexuales libertinas, provocando lo que hoy se conoce como el síndrome de Madame Bovary.

Y no hay que dejar de lado la gran influencia de la religión en la sociedad de la Edad Media, donde los textos que se suponía que amenazaban a la iglesia, eran denunciados como venenosos, destructivos del alma y quemados en hogueras, la lectura no supervisada era considerada herejía. Pocos leían por miedo a ser acusados de herejes. 

No obstante, hoy vemos que, el auge de la literatura ha demostrado que los moralizadores poco pueden lograr, con el gran desarrollo de la literatura Universal y con la gran demanda de textos como medio de aprendizaje y entretenimiento. Leer puede ser una actividad valiente, que posee la facultad de estimular la imaginación, que puede causar crisis emocionales, que pueden ser razones para temer. Pero esas son, justamente, al mismo tiempo, las razones que explican su importancia y desarrollo a lo largo de la historia. ¿Te recuerdas de algún libro que te haya dejado secuelas?

T.A.F.